Tomas Pizarro Meniconi
Universidad San Sebastián Puerto Montt, Chile
Enero 2010

La adolescencia (del latín adolecere, crecer) se describe como la fase de desarrollo psico fisiológico de todo individuo, que comienza hacia los 12 años con la aparición de modificaciones morfológicas y fisiológicas, que caracterizan la pubertad, período de transición entre la infancia y la edad adulta, es también la época en que el estudiante se prepara para una forma nueva de educación, la educación universitaria.

Hoy debatimos acerca del nivel de preparación pre-universitario, en el sentido del ingreso a una modalidad substancialmente diferenciada de la educación basada en la pedagogía (paidos: infante, gogo: guía), atribuyendo a la formación previa algunas falencias ampliamente difundidas, tales como comprensión lectora, déficit del sentido analítico, ausencia de criticismo.

Por ello los individuos asumen una actitud distinta ante la transferencia de conocimientos, así surge la interrogante respecto del modo de educar que hace diferente el cambio de estadio, desde la perspectiva del docente universitario y la problemática que determina su labor, tal como en el estudiante y sus expectativas ante la novedad de la educación superior.

La exposición La educación superior: entre la sociedad del conocimiento y la economía del conocimiento, nos comparte la necesidad de imaginarnos nuevas “pedagogías universitarias”, en tanto prevalecen en el contexto del debate sobre los cambios emergentes del Acuerdo de Bologna, algunas interrogantes respecto del abordaje de la formación por competencias. Situando en ello evidencias de valor agregado de la formación universitaria, como un saber que pertenece al núcleo más propio e íntimo de la experiencia humana. En consecuencia, propone que las estrategias de desarrollo (académico) basadas en la innovación incluyan un fuerte apoyo a las artes, ciencias sociales y humanidades.

A lo cual debe agregarse un conjunto de factores relativos al nuevo adulto aprendiz que será objeto de aplicación de tales estrategias, como las transformaciones determinadas por variables biológicas, socio afectivas, cognitivas y las relativas al contexto en que aprende (ámbito en el cual subyacen las discusiones acerca de las transformaciones de la globalización, en tanto sobre el estudiante pende la latencia de ser su objetivo), sin embargo tales componentes forman parte de una discusión escindida de la propuesta Europea.

La andragogía o educación de adultos, en Europa y los EE.UU, no se discute, ya que forma parte de las artes educativas pertenecientes a los grupos etarios, lo cual es desconocido para nuestro medio en el cual se aplica sin distinción alguna, aquellas metodologías propias de la pedagogía, en circunstancias que los requerimientos son distintos en el individuo que dejó de ser objeto de esa enseñanza específica. Por ello nuestras lecturas sobre las propuestas para transformar el objeto de la educación superior, hacia la formación por competencias, corren el riesgo de distorsionarse.

El debate europeo sobre la la función docente y a la formación necesaria para llevar a cabo la propuesta de una formación competencial , desde el punto de vista del aprendizaje y de incidir en una perspectiva profesionalizadora, se expresa a través de pensar en cada competencia como conjunto de conocimientos, actitudes y habilidades movilizadas en contextos específicos, para realizar tareas concretas de manera eficaz, distinguiendo entre el modo de acercar la universidad a la sociedad y al ámbito laboral, del de una enseñanza más práctica y útil para los
Estudiantes.

Para ello establece la necesidad de considerar como punto de partida, que la formación psicopedagógica del profesorado universitario llevada a cabo en los últimos años ha estado orientada a una enseñanza centrada en el aprendizaje, y ha incorporado a esto los elementos que se requieren para la formación con un enfoque competencial. La cual es una formación concebida para desarrollar un proceso de innovación y que incorpora y respeta los principios del aprendizaje de los adultos y no tan sólo una adecuación burocrática.

Es decir, que nuestra preocupación por adoptar la formación competencial, así como cualquier innovación en la enseñanza superior, nos otorga la posibilidad de incorporar un nuevo elemento, el de la educación de adultos o andragogía, en tanto la búsqueda por adecuarnos a las exigencias de la sociedad informacional , modificará las estructuras del sistema universitario nacional basado en la docencia con raíces pedagógicas.

A este respecto nos llama a reflexionar otro aporte al debate europeo, sobre la especialización de los docentes en el contexto la formación competencial, relacionando las nuevas habilidades del estudiantado que desbordan la noción de instrucción del paradigma conductista, propio de la pedagogía, para utilizar estrategias con enfoques humanista y socio-constructivista, otorgando a la educación superior un sentido más amplio hacia el ejercicio profesional, social y cívico y no tan solo a las exigencias del mercado y el mejor desempeño en el puesto de trabajo por el resto de la vida.

El desafío es que el docente universitario revise su repertorio formativo, a la vez que evalúa las virtudes y defectos de las nuevas propuestas curriculares, en tanto ellas cuentan con una base educacional distinta a la nuestra: la andragogía, pues nuestra lógica educativa aún es pedagógica, factor a tomar en cuenta del mismo modo que lo hace el profesor básico ante el maravilloso dominio de las tecnologías de la información y comunicación que poseen sus alumnos como nativos digitales.

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